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Segundo Libro de Samuel
Datos básicos
Autor Gad y Natán
Fecha Siglo VII
Idioma Hebreo
Abreviatura 2S.
Números
Capítulos 24
Versículos 695
Nombre
Hebreo שְׁמוּאֵל ב'
Latín Liber II Samuelis
Más datos
Testamento Antiguo Testamento
Sección Historicos
'Número de libro 10
Eventos Importantes {{{Eventos importantes}}}
Personas Importantes David

El Segundo Libro de Samuel es un libro que forma parte del Antiguo Testamento de la Biblia y del Tanaj. Es precedido en ambos textos por 1 Samuel y le sigue 1 Reyes.[1]

Autor y fecha

El Talmud le atribuye a Samuel todo la obra que lleva su nombre; esta extraña opinión fue adoptada más tarde por el Papa San Gregorio I (Magno), quien ingenuamente se convenció de que Samuel escribió los hechos ocurridos después de su muerte por revelación profética. La tradición rabínica y la mayoría de los primeros escritores cristianos le atribuyen a este profeta la parte que se refiere a su tiempo (1 S 1 - 24); el resto a los profetas Gad y Natán. Esta opinión se basa evidentemente en 1 Crón. 29, 29, "Los hechos del rey David, de los primeros a los postreros, están escritos en la historia del vidente Samuel, en la historia del profeta Natán y en la historia del vidente Gad."

Sin embargo, la redacción del texto indica que es cuestión de tres obras distintas. Además, la unidad del plan y la estrecha relación entre las diferentes partes excluyen la autoría compuesta; debemos al menos admitir un redactor que combinó los tres relatos. Este redactor, de acuerdo con Hummelauer, es el profeta Natán; sin embargo, la obra difícilmente se puede colocar tan temprano. Otros lo atribuyen a Isaías, Jeremías, Ezequías o Esdras. Ninguna de estas opiniones se apoya en ninguna base sólida, y sólo podemos decir que el autor es desconocido.

La misma diversidad de opinión existe en cuanto a la fecha de composición. Hummelauer lo asigna a los últimos días de David. Vigouroux, Cornely, Lesetre, y Thenius lo sitúan en la época de Roboam; Kaulen, bajo el gobierno de Abiyyam, el hijo de Roboam; Haevernick, no mucho después de David; Ewald, unos treinta años después de Salomón; Clair, entre la muerte de David y la destrucción del Reino de Judá.

Según críticos recientes pertenece al siglo VII, pero recibió retoques tan tarde como en el V o incluso el siglo IV. No hay datos suficientes a mano para fijar una fecha precisa. Sin embargo, podemos designar ciertos límites de tiempo dentro del cual la obra debió haber sido compuesta. La explicación sobre la vestimenta de las hijas del rey en tiempos de David (2 S 13, 18) supone que en el entretanto había transcurrido un período considerable de tiempo, y apunta a una fecha posterior a Salomón, durante cuyo reinado sus mujeres extranjeras probablemente introdujeron un cambio en el estilo de vestir.

Cuánto más tarde se indica por la siguiente observación: "por esto Siquelag pertenece hasta el día de hoy a los reyes de Judá.” (1 S 27:6). La expresión "reyes de Judá" implica que al momento que se escribió, el Reino de Israel ya estaba dividido, y que por lo menos dos o tres reyes habían reinado sobre Judá solamente. Por lo tanto, la fecha más temprana no puede colocarse antes del reinado de Abías. Por el contrario, la fecha más tardía debe ser asignada a un tiempo anterior a la reforma de Josías (621 a. C.). Como se ha señalado, el autor en repetidas ocasiones registra sin censura o comentario violaciones a la Ley del Pentateuco en relación con los sacrificios. Ahora bien, no es probable que él hubiese actuado así si hubiese escrito después de que estas prácticas fueron abolidas y su ilegalidad inculcada en el pueblo, ya que en ese momento sus lectores se habrían escandalizado por la violación de la Ley por una persona como Samuel, y por la tolerancia de los ritos ilícitos de un rey como David. La fuerza de esta razón se verá si tenemos en cuenta cómo el autor de Reyes, que escribió después de la reforma de Josías, censura cada alejamiento de la Ley a este respecto, como lo explica en 1 Ry. 3, 2.

La pureza de lenguaje habla por una fecha más bien temprana que tardía dentro de los antedichos límites. Sin embargo, el apéndice posiblemente puede ser obra de una mano posterior. Por otra parte, se podría admitir sin dificultad las adiciones por un revisor inspirado posterior.[2]

Contenido

2 Samuel cuenta la historia de Israel a partir de la muerte de Saúl (2 S 1-20) y el subsiguiente reinado de David, con un suplemento al final (2 S 21-24). En otras palabras, abarca, con su libro hermano, el período que va desde el establecimiento de una monarquía formal hasta el fin del gobierno de David. Incluye un período de guerra civil, el traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén, el relato del pecado de David, un cántico de Acción de gracias y un oráculo acerca de la descendencia del rey.

En estos libros se ve cómo la promesa de Dios hecha a Abraham se está realizando a través del reinado de David: la alianza iniciada con Abraham llega a su plenitud con David.

Aspectos históricos

Las Doce Tribus se hallaban sumamente desorganizadas. En el período relatado por 2 Samuel, el peligro común las obligó a unirse. La conclusión lógica de este proceso político sería el establecimiento de una monarquía centralizada. En consecuencia, Israel se hallaba un paso por detrás de sus vecinos, Moab, Edom y Amón, que ya se habían organizado en forma similar, incluso antes de que los judíos llegaran liberados de su largo periplo por el desierto tras el cautiverio en manos de los egipcios.

Todas estas monarquías se diferenciaban así de las ciudades-estado como en Canaán o de las tiranías lisas y llanas como los filisteos, constituyéndose en los primeros estados nacionales verdaderos de la región. En eso se convertirán, ni más ni menos, los reyes de Israel retratados en estos libros: en cabezas legales y visibles de un estado nacional organizado.

Por supuesto, se comprende que la transición no fue abrupta, sino que se hizo en forma gradual. Luego de los jueces, Dios escoge un continuador a quien da el nombre de rey: Saúl. La transformación que el espíritu divino obra sobre los hebreos por lo demás corriente lo lleva a alcanzar grandes realizaciones.

La nueva institución real aparece luego de la victoria amonita que se relata en 1 Samuel. En II Samuel, el reinado de David conserva los tintes teocráticos que había tenido el de Saúl: ser rey depende de la gracia de Dios que quita u otorga. En el caso particular de este segundo rey, ha sido elegido por la divinidad desde su infancia para sustituir al rey anterior. A pesar de la mirada teocrática que la Biblia otorga a estos gobernantes, siempre subsiste, como un halo de amenaza, cierto aspecto profano en todos los reyes.

Es así que 2 Samuel hace mucho menos hincapié en la voluntad divina que apoya a David, y destaca mucho más sus rasgos humanos, sin omitir ni siquiera aquellos abiertamente pecaminosos. A pesar o gracias a ello, David es un gran político que comprende que la gran unificación de Israel no puede ser lograda si el rey mismo se rebaja a intervenir en las competitivas disputas entre las tribus. Para subrayar este hecho, traslada el Arca a Jerusalén, que no es capital de ninguna de las tribus en pugna sino una conquista personal suya, concentrando en un solo punto la sede de la vida religiosa y la capital política de la región. Las tropas que lo apoyan son mercenarias, soldados de fortuna de amplia experiencia, que se quedarán junto a él de modo permanente para garantizar la paz y la armonía de su reinado. El hecho de que David necesite a tantos y tantos guerreros custodiando Jerusalén demuestra que la tan proclamada unidad política no se había logrado aún, al menos de manera definitiva.

La realidad era que, por más que David era a la vez rey de Judá y de Israel, el pueblo al que gobernaba estaba y se sentía aún dividido en dos. Solo los unía la obediencia al rey, lo que convertía al gobierno en una monarquía personalista y, por lo mismo, inestable. Más tarde, Salomón sufrirá el mismo problema: conseguirá sostener la unidad, pero la misma se hará trizas 24 horas después de su muerte. Todo el proceso explicado no posee una datación histórica segura: primero, porque no poseemos fuentes externas de lo dicho aparte de la Biblia misma y en segundo término porque estos libros se encuentran fuera de sincronía con el resto del Antiguo Testamento.

Aspectos religiosos

Como sucede con otros libros históricos de la Biblia, mediante la mera lectura se evidencia que 2 Samuel no ha sido escrito para el historiador, sino para el pueblo llano con interés en el aspecto religioso de los hechos narrados. Los temas que sobresalen son: el cumplimiento de la promesa divina, la esperanza mesiánica proveniente de la casa de David con la promesa de un reino estable.

El objetivo de lograr la unidad para mayor gloria de Yave ha fracasado bajo Saúl pero tiene éxito con David, monarca ideal desde el punto de vista del cronista bíblico. Salomón hará tambalearse este andamiaje y los reyes posteriores merecerán la reprobación de los autores de Crónicas y Reyes. Al revés que las demás naciones, Israel ha querido tener un rey, pero Dios les ha impuesto como condición que este no será un profano, sino también el líder religioso del pueblo. El rey será el ejecutor de la voluntad de Dios en medio de su pueblo, y se le exige para ello que sea fiel y piadoso. Para que no olvide sus deberes, el profeta del Señor estará siempre al lado del monarca para guiarlo y reconvenirlo.

Tras la reprobación de Saúl, llegará la fidelidad de David, el hombre elegido según el modelo de liderazgo que la divinidad pretende. No se conformará con nada inferior a él. Acaso como recompensa a la lealtad del rey, en 2 Samuel 7 Dios habla a Natán y le muestra una profecía acerca de los descendientes de David. De su simiente nacerá el Mesías, y este primer despertar de la esperanza mesiánica se extenderá por todos los tiempos hasta consolidarse en el Cristianismo.

En este libro viendo una metodología cristiana se puede evidenciar la gran aparición del rey David en todas sus aventuras.[1]

Referencias

  1. 1,0 1,1 II Samuel
  2. Libros de Samuel