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Primera Epístola a los Tesalonicenses
Datos básicos
Autor Pablo de Tarso
Fecha 52 d. C.
Lugar Corinto o Atenas
Idioma Griego koine
Abreviatura 1Ts
Números
Capítulos 5
Versículos 89
Nombre
Más datos
Testamento Nuevo Testamento
Sección Epístolas

La Primera Epístola a los Tesalonicenses es un libro del Nuevo Testamento de la Biblia; fue probablemente la primera de las cartas de Pablo de Tarso, escrita probablemente a finales de 52 d. C., lo que la hace el libro más antiguo del Nuevo Testamento.[1]

Fecha

1 Tesalonicenses fue escrita durante los dieciocho meses que Pablo permaneció en Corinto en los años 48 ó 49, según la cronología de Harnack o en el año 53 ó 54 según el esquema de la cronología paulina comúnmente aceptado.[2]

A diferencia de todas las epístolas paulinas posteriores, 1 Tesalonicenses no se centra en la justificación por la fe o en cuestiones de las relaciones entre judíos y gentiles. Muchos estudiosos ven esto como una indicación de que esta carta fue escrita antes de la Epístola a los Gálatas, donde Pablo mencionó su posición sobre estos asuntos.

Composición

La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento creen que el Apóstol Pablo escribió esta carta desde Corinto, aunque la información adjunta al presente trabajo en muchos manuscritos tempranos. Por ejemplo, los códices Alejandrino, Mosquensis y Angelicus afirman que Pablo escribió en Atenas después de que Timoteo regresara de Macedonia con noticias del estado de la iglesia en Tesalónica (Hch 18:1-5; 1 Ts 3:6).

En su mayor parte, la carta tiene un carácter personal, excepto los dos últimos capítulos que abordan cuestiones doctrinales. El propósito principal de Pablo es animar y tranquilizar a los cristianos de Tesalónica. Pablo les insta a seguir trabajando en silencio mientras esperan el retorno de Cristo.

Autenticidad

La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento sostienen que 1 Tesalonicenses es auténtica, aunque un número de estudiosos de mediados del siglo XIX dudaron de su autenticidad, sobre todo Clemente Schrader y FC Baur.

1 Tesalonicenses coincide con otras cartas paulinas aceptadas, tanto en estilo como en contenido y su autoría se afirmó también en 2 Tesalonicenses. 1 Tesalonicenses 2:13-16 a menudo ha sido considerado como un interpolación postpaulina.[1]

Pruebas externas

La prueba externa mas fuerte en favor de 1 Tesalonicenses es 2 Tesalonicenses, que, sea cual fuere su fecha, es el primer documento que presupone claramente que 1 Tesalonicenses fue escrita por Pablo.

La prueba de los manuscritos solos es tal que deja la autenticidad de esta epístola más allá de ninguna duda; en el texto griego del Códice Sinaítico (siglo IV), el Códice Vaticano (siglo IV) y Códice Alejandrino (siglo V); y es en las versiones Antigua Latina y Siríaca en las que se remonta la autenticidad hasta mediados del siglo II.

Los Padres Apostólicos suministran pruebas del temprano uso de la Epístola como Sagrada Escritura. San Ignacio de Antioquia (m. 110-17 d. C), probablemente usa el "ora sin cesar" de I Tesalonicenses 5:17 y sin duda tenía en mente 1 Tesalonicenses 2:4 cuando escribía a los Romanos (2:1) el pensamiento "Quiero que no agradéis a ningún hombre sino a Dios”. San Ignacio, como los otros Padres Apostólicos, cita de memoria, sin la exactitud de los Padres posteriores y sin mencionar nunca el nombre del escritor sagrado que cita.

El profesor de teología del colegio Margaret de Cambridge, Dr. Inge, dice: "La prueba de que Ignacio conocía Tesalonicenses es casi nula". Contra tal escepticismo, el claro uso de San Pablo por los Padres Apostólicos no admite duda. Harnack, a que no se le puede acusar de demasiada credulidad, piensa que San Ignacio de Antioquia tenía una colección de Epístolas Paulinas y que hacia el año 117, San Policarpo de Esmirna, había completado una colección y vivía verdaderamente según ella.

En el "Pastor de Hermas" (140 d. C) encontramos la frase de 1 Tesalonicenses 5:13, "estad en paz entre vosotros" varias veces, utilizada casi como aparece en los códigos Vaticano y Alejandrino.

Los Padres apologéticos son claros y terminantes. San Ireneo (181-9 d. C) cita 1 Tesalonicenses 5:23 expresamente atribuyendo las palabras a la Primera Epístola a los Tesalonicenses. Tertuliano cita largos pasajes de cada uno de los cinco capítulos de I Tesalonicenses. Para probar su tesis de la resurrección de los cuerpos y usa la epístola contra Marción. San Clemente de Alejandría (190-210 d. C.) cita frecuentemente esta breve carta.

Tan fuerte es la prueba externa a favor de la autenticidad de 1 Tesalonicenses que todos los especialistas excepto los que, siguiendo las pruebas internas, niegan la autenticidad paulina de todas sus epístolas.

Pruebas internas

En 1 Tesalonicenses se enseñan todas las principales doctrinas paulinas: La muerte y resurrección de Cristo, su divinidad y filiación del Dios vivo; la resurrección de los cuerpos, la mediación de Cristo, la llamada de las naciones al reino de Cristo que es la Iglesia y la santificación por la habitación del Espíritu Santo.

El estilo directo y plano, la preocupación afectuosa del escritor por sus hijos espirituales, su impaciencia con los judaizantes, la preponderancia de las afirmaciones personales sobre las doctrinales, la franca y honesta revelación del escritor. Todas estas características distintivas paulinas son argumentos fuertes a favor de la autenticidad de esta carta.

Baur, el primer promotor de las ideas de la escuela Neo-Tubinga, fue el primero en dejar a un lado las pruebas externas y atacar seriamente la autenticidad de 1 Tesalonicenses por las pruebas internas. Fue seguido por Nowack, Volkmar y Van der Vries.

Las razones de Baur y sus seguidores son triviales:

  • La falta de doctrina hace la carta indigna de Pablo. Pero ya hemos notado que las principales líneas de la enseñanza de Pablo están incluidas en esta breve carta. Más aun, la carta es una revelación muy conmovedora del gran corazón de Pablo y como tal encaja en el conocido Apóstol.
  • La carta es una falsificación torpe. El autor ha trabajado su historia partiendo de los Hechos. Pablo no habría escrito 2:14-16. Es arbitrario comparar las angustias infligidas por los judíos a la iglesia de Tesalónica con los males causados a la iglesia de Judea. No es propio de Pablo poner a los judeocristianos como ejemplos para los conversos paganos.
  • La expresión "la ira ha caído sobre ellos hasta el final" (2: 16), naturalmente se refiere a la destrucción de Jerusalén (70 d. C) como un castigo realizado por matar al Señor Jesús. San Pablo ve de forma indefinida pero con seguridad el final que se acerca.
  • Baur encuentra la escatología de la epístola poco paulina. En Corintios, Romanos y Gálatas, por ejemplo, no hay esta inmersión en el futuro, nada se dice de la Parusía o segunda venida de Jesús. Pero la razón es clara, aquellos a los que escribía Pablo sus grandes y últimas epístolas no tenían las dificultades escatológicas de los Tesalonicenses. El adaptaba sus cartas a las necesidades de aquellos a quienes escribía. El hecho mismo de la aprehensión de una inmediata Parusía no sea mencionado en las últimas cartas hubiera prevenido al falsificador de introducir como paulino un tópico tan inusual.

Ocasión

Al llegar a Atenas, Pablo enseguida se puso a convertir a los judíos, prosélitos y gentiles de la ciudad. Entre estos últimos tuvo muy poco éxito. Los Epicúreos y Estoicos sobre todo le creyeron un charlatán del ágora y le ridiculizaron en la colina de Ares o le echaban fuera (Hch17:16-32).

Mientras tanto, el sentía temor por la iglesia de Tesalónica. Mientras él estuvo allí, solo los judíos intentaban aniquilar su obra; pero en su ausencia, los gentiles se unieron a los judíos (1 Tes. 2:14), atacando la fe de sus hijos. Pablo deseaba profundamente verles una vez más. En su intenso afecto y preocupación se arranca con el plural en primera persona: "Queríamos haber vuelto a vosotros, hasta yo, Pablo y eso una y otra vez; pero Satán lo impidió" (2:18). El obstáculo puesto por Satán era probablemente la seguridad contra su retorno que había dado Jasón y algunos amigos (Hch 17:9).

Al no ser capaz de seguir los deseos de su corazón, Pablo envió a Timoteo para salvar el rebaño de los voraces lobos (1 Tes. 2:2). Los Hechos no mencionan esta legación de Timoteo de Atenas a Tesalónica. Poco después Pablo salió hacia Corinto (Hch 18:1). Timoteo, que había vuelto de Tesalónica, trajo el testimonio de los que había visto en las condiciones en las que estaban los fieles de esa ciudad. Sea lo que fuere, ya por carta o de palabra, Timoteo informó completamente a Pablo de las necesidades de la comunidad cristiana de Tesalónica; y estas necesidades fueron la ocasión de la Primera Epístola a esa comunidad.

Contenido

Ninguna otra carta de San Pablo a una iglesia es tan fácil y tan epistolar; desafía el estricto análisis doctrinal y es más personal que doctrinal. Solo para hacer alguna división podemos considerar los capítulos 1 al 3 como personales y los capítulos 4 y 5 como doctrinales.

En la parte personal desahoga libremente los temores del corazón de un misionero. Lleno de gozo por oír que están firmes en la fe que él les predicó; habla con afecto sobre sus trabajos y su estancia entre ellos; agradece a Dios porque han recibido de él la palabra de Dios; insinúa delicadamente sus aprehensiones por ellos diciéndoles cuanto deseaba verles cuando estaba en Atenas y cómo envió a Timoteo en su lugar y qué descanso y paz mental siente con las noticias de Timoteo.

A continuación sigue una oración breve y hermosa que resume los deseos del gran corazón del Apóstol (3, 11-13). Con esta oración termina lo que se considera libre y epistolar.

Sigue como una corta frase que sirve de transición y una exhortación directa muy paulina, sobre como deberían andar para agradar a Dios por la pureza, el amor fraterno y trabajo pacífico.

La paz de la actividad diaria había sido alterada por una indolencia fanática debida a la supuesta llegada inminente de la Parusía. De ahí el pasaje escatológico que sigue. Los hermanos que han muerto tomarán parte en la Segunda Venida igual que los que están vivos; el tiempo de la Parusía es incierto así que lo que se necesita es estar alerta y no en estado letárgico.

La carta termina con una serie de breves y directa exhortaciones para que se respete a los maestros religiosos y las otras virtudes que constituyen la gloria de la vida cristiana; las bendiciones y saludos apostólicos, una petición de oraciones y el encargo de que la carta sea leída en público.[2]

Referencias

  1. 1,0 1,1 First Epistle to the Thessalonians
  2. 2,0 2,1 Epístolas a los Tesalonicenses