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Libro de los Proverbios
Incunabulum Blackletter Bible 1497
Datos básicos
Autor Salomón
Agur
Lemuel
Lugar ¿Jerusalén?
Idioma Hebreo
Abreviatura Pro.
Números
Nombre
Hebreo יֵלְׁשִמ,
Más datos
Testamento Antiguo Testamento
Sección Sapienciales
Otros datos


El Libro de los Proverbios es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo, que se clasifica entre los Libros Sapienciales del cristianismo, y entre los Ketuvim o "Escritos" del judaísmo. Está compuesto por extensas colecciones de máximas o sentencias de contenido religioso o moral y se ubica en la Biblia entre el libro de los Salmos y Eclesiastés, y en la Biblia judía entre los libros de Job y Rut.

Autor y época

Los Proverbios se atribuyen tradicionalmente al rey Salomón. Los capítulos 10 al 22:16 así como 25 al 29 son atribuidos a Salomón y al menos se puede demostrar, por medio del uso que en ellos se hace de géneros literarios más arcaicos como el dístico, que son de los más antiguos del libro. Asimismo se hacen menciones a la vida cortesana que no podrían provenir de tiempos posteriores dado que el índice de esplendor y de florecimiento no será igualado en los reinados posteriores.

La sección de máximas de la segunda de ellas eran ya antiguas y muy bien conocidas en tiempos de Ezequías, esto es, durante las invasiones asirias de alrededor de 722 a. C. Sin embargo, también se encuentran algunos arameísmos que complican la datación o, al menos, dan cuenta de ciertos retoques o añadidos posteriores.[1]

Los primeros Padres ni siquiera sospecharon que,como consecuencia implícita de las inscripciones en 1, 1; 10, 1; 25, 1, que dan testimonio directo de la autoría salomónica de grandes colecciones de proverbios, y al ser engañados por la traducción griega de los títulos en 30, 1; 31, 1, que desechan por completo las referencias a Agur y Lemuel como autores distintos de Salomón, consideraron al rey Salomón como el autor de todo el Libro de los Proverbios. Tampoco fueron verdaderas preguntas para los escritores posteriores de Occidente, aunque estos autores medievales tenían en la Vulgata una traducción más fiel de 30, 1 y 31, 1, que los podría haber llevado a rechazar el origen salomónico de las secciones adscritas a Agur y Lemuel respectivamente, pues según su opinión Agur y Lemuel eran sólo nombres simbólicos de Salomón.

En la actualidad, la mayoría de los estudiosos católicos no dude en considerar como no salomónicas, no sólo las secciones cortas que se le atribuyen a Agur y Lemuel en el texto hebreo, sino también las colecciones de menor importancia que sus títulos atribuyen a "los sabios" (22,16 - 24, 22; 24, 23-34), y el poema alfabético sobre la mujer virtuosa que se adjunta a todo el libro. Respecto a las otras partes de la obra, los escritores católicos son poco menos que unánimes en atribuírselas a Salomón. Teniendo claramente presente la declaración en 1 Reyes 5, 12, que, en su gran sabiduría, Salomón pronunció tres mil parábolas, no tienen dificultad en admitir que este monarca pudo ser el autor del mucho más pequeño número de proverbios incluidos en las tres colecciones en cuestión.

Guiados por la antigua tradición judía y cristiana se sienten obligados a respetar los títulos explícitos a las mismas colecciones, tanto más porque los títulos en el Libro de los Proverbios son manifiestamente discriminatorios con respecto a la autoría, y porque el título, "También estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá.” (25,1), en particular, da la impresión de precisión y exactitud.

Por último, mirando el contenido de estas tres grandes colecciones, no creen que todo lo que allí se encuentra con respecto al estilo, ideas, trasfondo histórico, etc. deba obligar a nadie a renunciar a la autoría tradicional, en cualquier tiempo que, ya sea en la época de Ezequías, o fecha tan tardía como la de Esdras, todas las colecciones incorporadas en el Libro de los Proverbios alcanzaron su forma y organización actual.

Un punto de vista muy diferente acerca de la autoría y fecha de las colecciones atribuidas a Salomón por sus títulos está ganando adeptos entre los estudiosos no católicos. Trata a los títulos de estas colecciones como no más confiables que los títulos de los Salmos. Sostiene que ninguna de las colecciones viene de la propia mano de Salomón y que el tenor general de su contenido nos habla de una fecha tardía después del Exilio. Los siguientes son los principales argumentos expuestos por lo general a favor de este dictamen.

En estas colecciones no hay desafío a la idolatría, tal como se esperaría naturalmente si fuesen de antes del Exilio, y por doquier se presupone la monogamia. Es muy notable, también, que a lo largo del Libro no se hace mención de Israel o de cualquier institución propia de Israel. Una vez más, el tema de las colecciones no es la nación, que al parecer ya no disfruta de su independencia, sino el individuo, a quien la sabiduría apela de un modo ético y por lo tanto muy tardío. La personificación de la sabiduría, en particular en el capítulo 8, o es el resultado directo de la influencia de los griegos en el pensamiento judío, o, si independiente de la filosofía griega, el producto de la metafísica judía tardía. Por último, la cercana relación espiritual e intelectual de los Proverbios con el Eclesiástico muestra que, sin importar cuán grandes y numerosas sean las diferencias de detalle entre ellas, las dos obras no pueden estar separadas por un intervalo de varios siglos.

A pesar de la confianza con la que algunos estudiosos modernos impulsan esos argumentos contra la autoría tradicional de 1 – 9; 10 – 22, 16; 25 – 29, un examen detenido de su valor lo deja a uno convencido de la fuerza de su prueba.[2]

Nombre

La Septuaginta la denomina παροιμίαι y la Vulgata usa proverbia ambos son términos que restringen el sentido original de la palabra hebrea al de refrán o máxima.

Estas sentencias morales son con frecuencia fruto de la revelación divina y otras veces provienen de la experiencia humana y de su sabiduría (otros aspectos de la influencia de Dios). Suelen expresarse, como otros conceptos de la pedagogía bíblica, en forma de comparaciones, ritmos verbales, expresiones agudas o relatos enigmáticos. Está destinado a lectores inteligentes, porque la mayor parte de las veces el esfuerzo de desentrañar sus contenidos exige una cierta preparación.

La palabra "proverbio" se entiende también como refrán conciso, alegoría o adagio, siempre encerrando una enseñanza simple de la experiencia humana que puede contener o no una afirmación teológica.[1]

En el texto masorético, el Libro de los Proverbios tiene como su encabezado natural las palabras, en hebreo, SLMH MSLY, Míshlê Shelomoh (Proverbios de Salomón), con que comienza este escrito sagrado. En el Talmud y en obras judías posteriores el Libro de los Proverbios es a menudo designado por la sola palabra Míshlê, y este título abreviado se menciona expresamente en el sobrescrito "Liber Proverbiorum, quem Hebraei Misle appelant", que se encuentra en la edición oficial de la Vulgata.

En los manuscritos de los LXX, los dos títulos hebreos son traducidos por el griego paroimiai So (a) lomontos y paroimiai, respectivamente. A partir de estos títulos griegos se derivan inmediatamente las traducciones al latín, "Parabolæ Salomonis", "Parabolæ", un vestigio del cual aparece en el tridentino "Decretum de Canon. Script.", en la que el Libro de los Proverbios se llama simplemente "Parabolae". El título ordinario "Proverbia Salomonis" fue tomado al parecer de la antigua versión latina en la Vulgata, de donde viene directamente el título inglés usual "Proverbios".[2]

Canonicidad y uso en la liturgia

Las discusiones realizadas en ámbito judío sobre su canonicidad se cerraron tras el Concilio de Jamnia. Por su parte, en ámbito cristiano, Teodoro de Mopsuestia al parecer no negó que el libro de los Proverbios pertenezca al canon pero sí consideró que su contenido versaba sobre prudencia humana.

Asimismo, en siglos posteriores algunos autores como Spinoza y Leclerc han negado también su canonicidad.

Contenido

Es muy difícil clasificar el contenido del libro, porque no ha podido encontrarse ningún orden lógico en la secuencia de proverbios que contiene. El orden de las secciones es indiferente a los contenidos, y dentro de cada una de ellas no se advierte ningún método.

El libro tiene un prólogo, una serie de colecciones y un epílogo. El prólogo (1-9) consiste en un largo discurso que se interrumpe dos veces para insertar arengas que provienen de la Sabiduría, mientras que las dos grandes colecciones (10-22 y 25-29) muestran la forma antiquísima del mashal tradicional. La redacción actual, sin embargo, es muy posterior.

Según los estudios de Whybray que han sido generalmente aceptados por los demás exegetas se puede dividir el libro de los Proverbios en ocho secciones:

  1. 1:8-9:18: Elogio de la sabiduría.
  2. 10:1-22:16: Reglas de comportamiento.
  3. 22:17-24:34: Templanza y pereza.
  4. 25-29: Diversas máximas.
  5. 30:1-14: Sabiduría de Dios.
  6. 30:15-33: Proverbios numéricos.
  7. 31:1-9: Consejos a los reyes.
  8. 31:10-31: Alabanzas a la mujer fuerte.

Más simple, se puede clasificar en:

  1. 1 al 9: La Sabiduría.
  2. 10 al 31:9: Los Refranes.
  3. 31:10 al 31:31: Poema a la mujer virtuosa.

Aún cuando se exprese un cierto conocimiento práctico que permita alcanzar la felicidad, la sabiduría expresada en los libros sapienciales nunca deja de lado la fe en Yavé mostrando así su profundidad religiosa antes que práctica o moral. Las fuentes usadas por estos sabios son los textos de los profetas. Otra característica es cierta tendencia a personificar o achacar a la sabiduría acciones humanas.

La línea argumental del libro está claramente establecida en Proverbios 1:2-7. Se basa en el concepto de Sabiduría que se expresa en los Libros Sapienciales: el "sabio", que se presenta ante el pueblo como una persona que proviene de Dios y habla en Su nombre; por lo mismo, el sabio comparte algunos de los atributos de la divinidad. En otras oportunidades, la deidad misma asume el papel de sabio, como creador del mundo y organizador de la moral.

La sabiduría de los Proverbios, en fin, son las enseñanzas de la filosofía teológica que enseñan al hombre a ser como los sabios y a vivir en consecuencia.

Contactos con otras tradiciones

Como la mayoría de la literatura sapiencial, los Proverbios demuestran en varios pasajes que los sabios que los escribieron (o Salomón mismo) tenían un fuerte contacto y un profundo conocimiento de la literatura sapiencial de Oriente y especialmente de Egipto. A pesar de ello, la adaptación a la mentalidad y el espíritu hebreo es perfecto, ya que no traicionan en ningún momento la estructura tradicional judía, su estilo ni su vocabulario.

Sentido religioso

Además de la monocorde repetición de fórmulas casi idénticas, el libro contiene numerosos consejos y órdenes pedestres y terrenales, que no parecen tener relación alguna con un mensaje divino. Sus ideas de la vida y de la relación entre Hombre y Dios son simples y terrenales. Pero las verdades que expresa son incuestionables para el hombre con experiencia y la mayoría de los consejos no han perdido su validez a pesar de los miles de años transcurridos.

La idea de que el Hombre ha sido llamado al servicio de Yavé no lo dispensa de actuar con sabiduría en los asuntos de menor rango, porque las virtudes naturales y la sabiduría de la tierra, el campo y la familia están en la raíz misma de la santidad.

Para comprender acabadamente la literatura de este período se debe entender el punto de vista de los sabios y Salomón, a saber: la revelación cristiana, con su bien y su mal, su justicia y su pecado, son muy posteriores a su época, y el concepto de recompensa y castigo en el más allá les era completamente desconocido. Es por ello que los estrechos límites de sus enseñanzas parecen insuficientes desde el punto de vista de la religión y la moral cristianas modernas.

Sin embargo, los sabios que escribieron los Proverbios lo hicieron como transmisores y depositarios de la sabiduría de sus antepasados, buscando la forma de transmitirla hasta nuestros días. Si este trabajo no se hubiera efectuado, estas antiguas tradiciones nos serían ajenas por entero.[1]

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 Proverbios
  2. 2,0 2,1 Proverbios