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Libro de Daniel
Michelangelo Buonarroti 026
Datos básicos
Autor Daniel
Fecha Siglo III d. C.
Idioma Hebreo
Arameo
Griego
Abreviatura Dn.
Números
Capítulos 14
Versículos 530
Nombre
Más datos
Testamento Antiguo Testamento
Sección Proféticos
Número de libro 4
Otros datos


El Libro de Daniel es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo, que en las biblias cristianas se ubica entre los libros de Ezequiel y Oseas. Es el sexto de los libros proféticos y se lo incluye, por los cristianos,entre los Profetas Mayores. Los judíos lo excluyen de los Profetas (Nevi'im) y lo colocan entre los Escritos (Ketuvim). Varias de sus partes son deuterocanónicas y solo las incluyen las biblias católicas.

Género

Pertenece a los género narrativo y género apocalíptico, de difícil comprensión. Dios muestra cómo da sabiduria a Daniel y cómo la dará a todo aquel que quiera, por el simple hecho de tener voluntad y reconocer que el poder está en las manos del Altísimo, Dios Todopoderoso.

Fecha

Existe una fuerte disputa en cuanto a la fecha de escritura del libro. Sectores religiosos interpretan que fue auténticamente escrita durante el exilio en Babilonia, y sitúan su cumplimiento hasta nuestros días. Pero la mayoría de los eruditos y los historiadores prefieren la interpretación preterista conocida como tesis Macabea. Esta exégesis es la interpretación judía tradicional, aun anterior a la época de Cristo, que sustenta la observancia de la fiesta de la Hánuka, esta tesis fue citada luego en el siglo III d. C. por Porfirio, un filosofo neoplatónico enemigo del cristianismo.

Según esta teoría el cumplimiento de las cosas descritas en el libro, o incluso su escritura misma, se ubicaría en la época de los macabeos, y respecto a la persecución por Antíoco IV Epífanes contra los judíos, entre 167 y 164 a. C.[1]

Autor

Daniel es uno de un gran número de apocalipsis judíos, todos ellos bajo seudónimos y, a pesar de todo, el libro es tradicionalmente atribuido a Daniel el vidente. Pero los capítulos 1-6 son de un narrador anónimo, excepto el capítulo 4, que es del rey Nabucodonosor; sólo la segunda mitad (capítulos 7-12) se presenta como propio de Daniel, presentado por el narrador anónimo en los capítulos 7 y 10.

El verdadero autor de Daniel fue probablemente un judío educado con alto rango en su propia comunidad. El libro es un producto de los círculos de la "sabiduría", pero el tipo de sabiduría es mántica (el descubrimiento de los secretos celestiales de señales terrenales) en lugar de la sabiduría de aprendizaje. La principal fuente de sabiduría en Daniel es la revelación de Dios.

Es posible que el nombre de Daniel fue elegido para el héroe del libro debido a su reputación como un sabio vidente en la tradición hebrea. Ezequiel, que vivió durante el exilio en Babilonia, lo mencionó junto a Noé y Job (Ez 14:14) como una figura legendaria de la sabiduría (28: 3), y un héroe llamado Daniel (más exactamente Dan'el, pero la ortografía es lo suficientemente parecida para que las dos se consideren como idénticas) que aparece en mito Ugarit.

Citas

La exclusión de Daniel de entre los profetas sugiere que no era conocido en ese momento y Sirácida, alrededor del 180 a. C., se basa en casi todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Daniel, se supone que su autor era consciente de ello.

Daniel es, sin embargo, citado en una sección de la Oráculos Sibilinos comúnmente fechado a mediados del siglo II a. C. y era popular en Qumran en esa epoca, lo que sugiere que era conocido y venerado desde la mitad del ese siglo.

Las profecías contenidas en el libro son exactamente la historia de Antíoco IV Epífanes, rey de Siria y opresor de los judíos, pero no en la predicción de su muerte. El autor parece saber acerca de las dos campañas de Antíoco en Egipto (169 y 167 a. C.), la profanación del Templo y el fortalecimiento del Acra, una fortaleza construida en el interior de Jerusalén, pero parece no saber nada acerca de la reconstrucción del Templo, o sobre las circunstancias reales de la muerte de Antíoco a finales de 164.

Manuscritos

El libro de Daniel se conserva en doce textos masoréticos y en dos versiones griegas, en la versión original de la Septuaginta y la versión de Teodoción. Ambos textos griegos contienen tres adiciones a Daniel: la Oración de Azarías y el Canto de los Tres Santos Niños, la historia de Susana y los viejos y la historia de Bel y el Dragón. Las adiciones griegas aparentemente nunca formaron parte del texto hebreo.

Un total de ocho copias incompletas del Libro de Daniel se han encontrado en Qumrán; dos en la Cueva 1, cinco en la Cueva 4, y uno en la Cueva 6. Ninguno está completo, pero entre ellos se preserva el texto de once de los doce capítulos de Daniel, y el duodécimo es citado en el Florilegium 4Q174, mostrando que el libro en Qumran no carecía de esta conclusión.Los ocho manuscritos fueron copiados entre 125 a. C. y aproximadamente 50 d. C.,que muestran que Daniel se estaba leyendo en Qumrán sólo cuarenta años después de su composición.

Nada revela desacuerdos importantes contra el Masorético, y de los cuatro pergaminos que conservan las secciones pertinentes, todos siguen el carácter bilingüe de Daniel.[2]

Orden

Los judíos no lo colocan entre los Nevi'im o Profetas sino entre los Escritos o Ketuvim, lo que parece dar a entender que la colección de libros proféticos ya estaba completa y cerrada cuando se escribió Daniel. En la biblia hebrea se ubica en una situación muy extraña para un Profeta Mayor: entre Ester y Esdras.

En la LXX, va sexto entre los profetas, luego de Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc y Ezequiel. Esta ubicación la heredaron luego todas las demás biblias cristianas.[1]

Contenido

Cautiverio en Babilonia

En el tercer año del reinado de Joaquim, Dios permite que Jerusalén caiga en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia. Los jóvenes israelitas de familia noble y real, sin defecto físico y apuesto, versados en la sabiduría y competentes para servir en el palacio del rey, son llevados a Babilonia para que les enseñen la literatura y la lengua de los caldeos.

Entre ellos se encuentran Daniel y sus tres compañeros, quienes se niegan a tocar la comida del rey y vino por temor a la contaminación. Su capataz teme por su vida en caso de que la salud de ellos se deteriora, pero Daniel sugiere una prueba y los cuatro resultaron más sanos que sus homólogos luego de los diez días de nada más que verduras y agua. Se les permite seguir absteniendosen de comer la comida del rey.

Cuando se lleva a cabo su formación, Nabucodonosor los encuentra mejores que todos los sabios en su servicio y, por tanto, los mantiene en su corte, donde Daniel continúa hasta el año primero del rey Ciro.

El sueño de Nabucodonosor

En el segundo año de su reinado, Nabucodonosor está preocupado por un sueño, y exige que sus sabios le digan su contenido. Cuando los sabios reclaman que esto está más allá del poder de cualquier hombre, los condena a muerte, incluyendo a Daniel y sus amigos.

Daniel recibe una visión explicativa de Dios: Nabucodonosor había visto una enorme estatua con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, piernas de hierro y los pies de hierro mezclado y arcilla, luego vio la estatua destruida por una roca que se convirtió en una montaña que llenó toda la tierra.

Daniel explica el sueño al rey: la estatua simbolizaba cuatro reinos sucesivos, empezando por el suyo, que, al final, sería aplastados por el reino de Dios, que duraría para siempre.

Nabucodonosor reconoce la supremacía del Dios de Daniel, lo eleva sobre todos sus sabios, y él y sus compañeros son los gobernadores de la provincia de Babilonia.

El horno de fuego

Los compañeros de Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego se niegan a adorar la estatua de oro del rey Nabucodonosor y son arrojados a un horno de fuego. Nabucodonosor se asombra de ver una cuarta figura en el horno con los tres con la apariecia de un hijo de los dioses. Entonces el rey llamó a los tres y bendijo al Dios de Israel; decretó que cualquiera que blasfemara contra Él debía ser descuartizado.

La locura de Nabucodonosor

Nabucodonosor relata un sueño de un árbol enorme que está pronto a ser cortado por un mensajero celestial. Daniel es convocado e interpreta el sueño. El árbol es el propio Nabucodonosor, que durante siete años, perderá su mente y vivirá como una bestia salvaje. Todo esto pasará hasta que, al final del tiempo especificado, Nabucodonosor reconosca a Dios y su reino y su cordura se restaura.

La fiesta de Belsasar

Belsasar y sus nobles beben blasfemamente de los vasos del Templo de Jerusalén, adorando a sus dioses, hasta que, misteriosamente, aparece una mano y escribe en la pared. El rey horrorizado llama a Daniel, quien le reprocha su falta de humildad ante Dios e interpreta el mensaje: el reino de Belsasar se le dará a los medos y los persas.

Belsasar premia a Daniel y lo levanta para ser tercero en el reino, y esa misma noche Belsasar es asesinado y Darío el Medo toma el reino.

Daniel en el foso de los leones

Dario elevó a Daniel a altas funciones, excitando los celos de otros funcionarios. Sabiendo de la devoción de Daniel a su Dios, sus enemigos engañaron al rey para que emitiera un edicto prohibiendo la adoración de cualquier otro dios u hombre por un período de 30 días.

Daniel sigue orando tres veces al día a Dios hacia Jerusalén; se le acusa y el rey Darío, obligado por su propio decreto, lanza a Daniel en el foso de los leones. Pero un ángel de Dios cierra la boca de los leones y, en la mañana siguiente, Darío se alegró de encontrarlo sano y salvo.

El rey arroja a los acusadores de Daniel en el foso de los leones, junto con sus esposas e hijos que son devorados al instante, mientras que él mismo reconoce al Dios de Daniel como el Señor del reino que no será destruido.

Visión de las bestias del mar

En el primer año de Belsasar, Daniel tiene un sueño de cuatro bestias monstruosas que surgen del mar. La cuarta, una bestia con diez cuernos, devora toda la tierra, pisando y aplastando; aparece un pequeño cuerno parlante que derriba tres de los cuernos anteriores. El Anciano de los Días juzga y destruye a la bestia; un Hijo de Hombre recibe la realeza eterna sobre el mundo entero.

Un ángel explica que las cuatro bestias representan cuatro reyes y que los santos del Altísimo recibiran el reino eterno. La cuarta bestia será un cuarto reino con diez reyes, y un rey destronará tres reyes y hará la guerra a los santos por un tiempo, dos tiempos y medio, tras lo cual se realizará la sentencia celestial contra él y los santos recibirán el reino eterno.

Visión del carnero y el chivo

En el tercer año de Belsasar, Daniel tiene la visión de un carnero y un chivo. El carnero tiene dos cuernos poderosos, uno más largo que el otro, y cornea al este, oeste y norte, dominando a todas las otras bestias. Un chivo con un solo cuerno aparece desde el oeste y destruye el carnero.

El chivo se vuelve muy poderoso hasta que el cuerno se rompe y es sustituido por cuatro cuernos menores. Un pequeño cuerno que crece mucho, detiene los sacrificios del Templo y profana el Santuario mil ciento cincuenta días hasta que el Templo es purificado.

El ángel Gabriel explica que el carnero representa a los medos y los persas, el chivo es Grecia, y el cuerno pequeño es un malvado rey.

Visión de las setenta semanas

En el primer año de Darío el Medo, Daniel medita las palabra de Jeremías sobre la desolación de Jerusalén que duraría setenta años; confiesa los pecados de Israel y ruega a Dios la restauración del Israel y del Templo.

El ángel Gabriel le explica que los setenta años representan setenta semanas de años (490 años), durante el cual el Templo será restaurado y más tarde será profanado por un príncipe que ha de venir, hasta que llegue el fin.

Visión de los reyes

En el tercer año de Ciro, Daniel tiene una visión de un ángel llamado "un hombre", pero está claro que es un ser sobrenatural, que explica que está en medio de una guerra con el príncipe de Persia, asistido solamente por Miguel. El príncipe de Grecia en breve llegará, pero primero va a revelar lo que va a pasar con el pueblo de Daniel.

Un futuro rey de Persia hará la guerra contra el rey de Grecia; un rey poderoso surgirá y ejercerá el poder hasta que su imperio se rompa y sea repartido, y finalmente el rey del sur (Egipto) irá a la guerra contra el rey del norte. Después de muchas batallas un hombre despreciable se convertirá en rey del norte; este rey invadirá el sur dos veces, la primera vez con éxito, pero en su segundo será detenido por las naves de Quitim. Él se volverá a su propio país y sus soldados profanarán el Templo, abolirá el sacrificio y colocará la abominación de la desolación. Va a derrotar y someter a Libia y Egipto, pero los informes del este y del norte lo alarman y se reunirá entre el mar y el monte santo.

En este momento Miguel vendrá, será un momento de gran angustia, muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para la vida eterna y otros para la vergüenza y confusión perpetua; aquellos que son sabios brillarán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas por siglos de los siglos.

En los versos finales, el tiempo restante hasta el final se le es revelado: un tiempo, dos tiempos y medio tiempo. Daniel no entiende y pide una explicación. Entonces se le dice: "Desde el momento en que el sacrificio es abolido y la abominación desoladora es instalada, habrá 1.290 días. Bienaventurado el que espera y alcance los 1.335 días".[2]

Pasajes griegos

Existen tres pasajes de este libro que no están contenidos en el texto hebreo-arameo del Tanaj, aunque sí los contiene el texto griego de la Biblia de los LXX. Los actuales judíos y muchos protestantes (aun cuando no todos) los tienen por apócrifos. Sin embargo, aparecen en muchas importantes versiones protestantes de los escritos bíblicos; tales como las Biblias de Casiodoro de Reina (Basilea, Suiza, 1569), y de Cipriano de Valera (Ámsterdam, Países Bajos, 1602). En tanto que las tribus israelitas de habla y cultura griega,seguidas por la Iglesia Católica, y por las diferentes iglesias cristianas ortodoxas y orientales, los consideran partes integrantes del canon de la Biblia.

Se trata de:

  • El pasaje Daniel 3:24-90, que incluye la Oración de Azarías y el Himno de los Tres Jóvenes.
  • La Historia de Susana (a veces computada como Daniel 13).
  • La Historia de Bel y el Dragón (a veces computada como Daniel 14)

Idiomas

El libro de Daniel fue escrito en tres lenguas diferentes:

  • Hebreo: (1:1-2:4a y 8-12).
  • Arameo: (2:4b - 7:28).
  • Griego: las partes deuterocanónicas mencionadas arriba.

El origen multilingüístico del libro ha sido confirmado por el hallazgo de los Manuscritos del Mar Muerto. En 1986 William H. Shea propuso que la parte Aramea de Daniel forma un quiasmo temático de tipo ABC CBA:

  • A:Visión sobre 4 reinos, y luego un reino dividido (metales)-Daniel 2.
  • B:Persecución por fidelidad (horno de fuego)-Daniel 3.
  • C:Juicio a un rey (Nabucodonosor)-Daniel 4.
  • C:Juicio a un rey (Belsasar)-Daniel 5.
  • B:Persecución por fidelidad (foso de los leones)-Daniel 6.
  • A:Visión sobre 4 reinos, y luego diez divisiones (bestias)-Daniel 7.

La primera parte del libro narra la historia del profeta Daniel, quien según el mismo libro, vivió en Babilonia como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo en el siglo VI a. C.

En esta parte se narran las vicisitudes de Daniel y otros tres compañeros por ser fieles a Dios, al contrario de lo mandado por Nabucodonosor II, rey de los babilonios. Igualmente se narra la sabiduría de Daniel al interpretar correctamente los sueños y visiones del rey. Por último, la primera parte también narra lo sucedido con Daniel cuando los babilonios fueron conquistados por los medos, comandados por Darío el Medo, los cuales más tarde fueron sometidos por los Persas.

La segunda parte del libro históricamente puede referirse a lo sucedido en Medio Oriente, particularmente en el territorio de Palestina, cuando la Dinastía Ptolemaica y la Dinastía Seléucida peleaban por el territorio, y cuando Antíoco IV Epífanes intentó suprimir el culto judío en Jerusalén y reemplazarlo por un culto helenista.

Existen además relatos deuterocanónicos, cuyos originales sólo se conservan en griego,por lo que no todas las iglesias las aceptan como parte del canon bíblico. Estas secciones son:

  1. La oración de Azarías.
  2. El cántico de los tres jóvenes, el canto que entonan dentro del horno los compañeros de Daniel.
  3. La historia de Susana.
  4. Daniel y los sacerdotes de Bel.
  5. Daniel y el Dragón.

Géneros literarios

Según su aspecto literario, puede decirse que los seis primeros capítulos son narrativos y los seis últimos son apocalípticos y proféticos, configurando, entre ambos, una solemne afirmación de la majestad de Dios. Forma parte de la apocalíptica judía.

En cuanto a literatura apocalíptica, debe muchísimo al Libro de Ezequiel.

Objetivos

Mostrar el futuro de Israel, infundir esperanza al pueblo judío en medio de la opresión, pero también señalar que hay un día de juicio (el mismo nombre Daniel "Dios es mi Juez" o "juicio de Dios" sugiere el objetivo del libro), en el cual Dios destruirá a todos aquellos que se le oponen y persiguen a su pueblo.

Todas las profecías del libro de Daniel terminan con el establecimiento del Reino de Dios. Ese Reino es encabezado por el Hijo del Hombre, simbolismo del pueblo de Israel redimido y santificado.

Se revela a Yavé como el Dios que conoce el futuro y decide compartirlo con los seres humanos, teniendo como final el establecimiento de su Reino y soberanía en la Historia. También representa una de las primeras manifestaciones de la esperanza en una resurrección y día de juicio individual.[1]

Influencia

Su influencia ha resonado a través de las edades, desde la Rollos del Mar Muerto y los autores de los Evangelios y el Apocalipsis a varios movimientos del siglo II, la Reforma Protestante y los movimientos milenaristas modernos.

Daniel sigue siendo uno de los apocalipsis más influyentes en la América moderna, junto con Ezequiel y Apocalipsis. Para divulgadores modernas que elaborando un marco interpretativo tradicional cristiano, Daniel fue un profeta que anunció la primera venida de Jesús y una serie de eventos que todavía tienen que cumplirse, cuando una confederación de diez naciones gobernada por el Anticristo sea destruida por Cristo en su Segunda Venida.

Daniel pertenece no sólo a la tradición religiosa, sino también a la herencia secular occidental. Filósofos como Spinoza, psicólogos como Carl Jung y físicos como Isaac Newton prestaron especial atención al libro; ha inspirado a los músicos medievales, dramas litúrgicos medieval y a compositores del siglo XX como Darius Milhaud, y a artistas como Miguel Ángel, Rembrandt y Delacroix han recurrido a sus imagenes.[2]

Interpretación cristiana

Jesucristo interpreta esta profecía en el evangelio de Mateo 24:30 como referida al Mesías y a su persona.[1]

Profecía de las setenta semanas

Varias secciones del Libro de Daniel contienen predicciones mesiánicas, cuyo objetivo general ha sido suficientemente señalado al explicar los contenidos y el objeto de ese escrito inspirado. Una de esas predicciones, sin embargo, reclama una consideración especial, dado el interés especial relacionado con sus contenidos. Se conoce como la profecía de las setenta semanas y se encuentra en un pasaje obscuro (9, 24-27), del cual lo que sigue es su versión literal.

"24.Setenta semanas [literalmente heptads] están fijadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebeldía, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar justicia eterna, para sellar visión y profecía, para ungir el santo de los santos [literalmente la santidad de la santidad]."
25."Entiende y comprende: Desde el instante en que salió la orden de volver a construir Jerusalén, hasta un Príncipe Mesías, [hay] siete semanas y sesenta y dos semanas, [con] plaza y foso serán reconstruidos, pero en la angustia de los tiempos."
26. "Y después de las sesenta y dos semanas un Mesías será suprimido, y no habrá para él y destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que vendrá. Su fin será un cataclismo y, hasta el final, [habrá] guerra y los desastres decretados.
27. "Él concertará con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador."

La dificultad de traducir este pasaje del texto hebreo solamente es superada por la de interpretar sus contenidos. La mayoría de los comentaristas admiten, claro, que las setenta semanas son semanas de años, que se dividen en tres períodos de 7, 62 y una semana de años, respectivamente. Pero no se ponen de acuerdo en lo que toca al punto exacto de partida y el término preciso de las setenta semanas. Del mismo modo, la mayor parte de ellos consideran que la profecía de las setenta semanas es una referencia mesiánica, pero incluso los interpretes católicos no están de acuerdo respecto a la naturaleza precisa de tal referencia. Algunos de entre ellos, siguiendo a Hardouin, S. J., a Calmet, O. S. B., etc., ven en el contenido de la profecía una referencia típica a Cristo, más que una literal como la que ha sido, y es aún, más usual en la Iglesia.

En breve, las siguientes son las principales interpretaciones que se han dado a Dn. 9, 24-27.

  • La primera es la visión antigua, que puede ser llamada tradicional, y que mantiene que la profecía de las setenta semanas se refiere directamente a Cristo encarnado, a su muerte, el establecimiento de la Nueva Alianza y la destrucción de Jerusalén por los romanos.
  • La segunda es la de los estudiosos más recientes, principalmente los no católicos, los cuales refieren todo el pasaje directamente al tiempo de Antíoco Epifanes, con (generalmente cristianos) o sin (los racionalistas) ninguna referencia específica a Cristo.
  • La tercera es la de algunos Padres de la Iglesia y de algunos teólogos recientes quienes entienden la profecía en forma escatológica, como una predicción del desarrollo del reino de Dios desde el fin del exilio hasta la plenitud de ese reino en la segunda venida de Cristo.[3]

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 Libro de Daniel
  2. 2,0 2,1 2,2 Book of Daniel
  3. Libro de Daniel