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Libro de Amós
UPennE3074
Datos básicos
Autor Amós
Fecha 803 a. C.
Lugar ¿Samaria?
Idioma Hebreo
Abreviatura Am.
Números
Capítulos 9
Versículos 147
Nombre
Más datos
Testamento Antiguo Testamento
Sección Proféticos
Número de libro 6
Otros datos


El Libro de Amós es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo. Pertenece a la colección de los así llamados "Profetas Menores" debido a su escasa extensión y se encuentra ubicado entre los libros de Joel y Abdías.

Autor y fecha

Amós era un punzador de higos sicómoros en Teqoa, durante el reinado del rey Jeroboam II. Esta práctica se aplicaba a unas higueras descendientes de las egipcias para la maduración del fruto.

Escribió su libro cerca del año 803 a. C., y tenía, según se evidencia en el propio texto, extraordinarios conocimientos de la política de su país. Profetizó, en un principio, en Betel en fiestas ilegítimas, utilizando los poderes de su verba para llevar al pueblo hacia la fe verdadera.[1]

Amós vivió en el reino de Judá, pero predicó en el norte del reino de Israel. Sus principales temas fueron la justicia social, la omnipotencia de Dios y el juicio divino. Amós profetizó en los días de Uzías, rey de Judá, y de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel. Esto colocaría su ministerio entre 767 y 753 a. C., pero un terremoto históricamente verificable sucedió dos años después de que comenzó a predicar y,por lo que es posible colocar el ministerio de Amós más precisamente entre aproximadamente 765 y 760 a. C.

Los ejércitos asirios lucharon contra Damasco por un número de años, lo que disminuye en gran medida la amenaza hacia Siria e Israel. Como resultado de los enfrentamientos entre sus vecinos, Israel tuvo el beneficio de aumentar sus fronteras casi a las de la época de David y Salomón. También hay que señalar que Amós predicó unos dos años antes de un gran terremoto y se refirió a él en dos ocasiones en su libro. Zacarías (14:5b) recuerda este terremoto más de 200 años más tarde.[2]

Contexto histórico

Según el encabezamiento de su libro(1, 1), Amós era un pastor de Técoa, una aldea del Reino del Sur, a doce millas al sur de Jerusalén. Aparte de esta humilde ocupación, también dice (7, 14) que era un picador de sicómoros. De ahí que, por lo que sabemos, no haya base suficiente para la opinión de muchos intérpretes judíos de que Amós era un hombre rico.

Técoa era aparentemente un pueblo de pastores, y fue mientras seguía a su rebaño en el desierto de Judá, durante los reinados de Ozías y Jeroboam, cuando Dios le llamó para una misión especial: "Ve a profetizar a mi pueblo, Israel" (7,15). A los ojos del humilde pastor esto debe haber parecido una misión muy difícil.

En el momento en que le llegó la llamada, no era "un profeta, ni el hijo de un profeta" (7, 14), lo que implica que no había ingresado aún en la función profética, y que ni siquiera había asistido a las escuelas en las se llamaba "hijos de profeta" a los jóvenes en entrenamiento para dicha tarea. Otras razones pudieron provocar el temor de Amós a aceptar la misión divina. A él, un sureño, se le ordenaba ir al Reino del Norte, Israel, y llevar a su pueblo y a sus dirigentes un mensaje de juicio que, por sus circunstancias históricas, estaban mal preparados para escuchar.

Su gobernante, Jeroboam II (c. 781-741 a. C.), había conquistado rápidamente a Siria, Moab y Amón, y de este modo había extendido sus dominios desde la fuente del Orontes por el norte hasta el Mar Muerto en el sur. Todo el imperio septentrional de Salomón prácticamente así restaurado había disfrutado un largo periodo de paz y seguridad marcado por un asombroso renacimiento del desarrollo comercial y artístico. Samaria, su capital, se había adornado con sólidos y espléndidos edificios; se habían acumulado riquezas en abundancia; la comodidad y el lujo habían alcanzado su nivel más alto; así que el Reino del Norte había alcanzado una prosperidad material sin precedentes desde la quiebra del imperio de Salomón.

Aparentemente, la religión estaba también en una condición muy floreciente. El culto sacrificial del Dios de Israel se llevaba a cabo con gran pompa y general fidelidad, y el largo disfrute de la prosperidad nacional era popularmente considerado como señal indudable del favor de Dios a su pueblo. Es verdad que la moralidad pública se había infectado gradualmente de los vicios que a menudo traen consigo el éxito continuado y la abundancia. La corrupción social y la opresión de los pobres y desvalidos estaban generalizadas. Pero éstos y similares signos de degeneración pública podían ser fácilmente excusados con el argumento de que eran el acompañamiento necesario de un alto grado de civilización oriental.

Además, la religión se había degradado de varias formas. Muchos de los israelitas estaban satisfechos con el mero ofrecimiento de víctimas, sin consideración a las disposiciones internas requeridas para su digna presentación ante el Dios tres veces Santo. Otros se aprovechaban de las multitudes que acudían a los festivales sagrados para entregarse a un disfrute inmoderado y una diversión tumultuosa. Otros también, arrastrados por la asociación más libre con los pueblos paganos resultante de la conquista o del intercambio comercial, llegaron incluso tan lejos como a fusionar el culto del Señor con el de las deidades paganas. Debido a la tendencia natural de los hombres a sentirse satisfechos con la realización mecánica de sus deberes religiosos, y más particularmente debido a la gran propensión que tenían desde antiguo los hebreos a adoptar los ritos sensuales de cultos extranjeros, mientras no renunciaran al culto de su propio Dios, estas irregularidades en temas de religión no parecían objetables a los israelitas, tanto más cuanto que el Señor no les castigaba por su conducta.

Así que fue a este pueblo muy próspero, completamente convencido de que Dios estaba complacido con ellos, al que Amós fue enviado a pronunciar una dura reprimenda por todas sus fechorías, y a anunciar en nombre de Dios su próxima ruina y cautividad (7, 17). La misión de Amós en Israel fue sólo temporal. Se extendió aparentemente desde dos años antes hasta pocos años después de un terremoto, cuya fecha exacta es desconocida (1, 1).

Se enfrentó con una fuerte oposición, especialmente por parte de Amasías, el sacerdote principal del santuario real de Betel (7, 10-13). No se sabe cómo terminó, pues sólo leyendas tardías y poco confiables hablan del martirio de Amós por los malos tratos de Amasías y su hijo. Es más probable que, obedeciendo la amenazadora orden de Amasías (7, 12), el profeta huyera a Judá, donde en su tiempo libre ordenó sus oráculos en su bien planificada disposición.[3]

Contenido

El libro de Amós incluye:

  • Título y epígrafe (Am. 1:1-2).
  • Oráculos contra Judá, Israel y los países vecinos (1:3-2:16).
  • Amenazas contra el segundo de estos (3-6).
  • Visiones simbólicas (7-9:10).
  • Promesa final de restauración (9:11-15).[1]

Propósito

El libro de Amós se escribió en un momento en que el pueblo de Israel han llegado a una adevoción al Dios de Israel, las personas se han vuelto codiciosos y han dejado de seguirle, los ricos se están volviendo ricos a costa de los demás. Los campesinos que antes practicaban la agricultura de subsistencia se ven obligados a cultivar lo que es mejor para el comercio exterior, sobre todo el vino y el aceite. (6: 6)

Dios habla a Amós, agricultor y pastor, y le dice que vaya a Samaria, la capital del reino del norte. A través de Amós, Dios le dice a la gente que va a juzgar a Israel por sus pecados y que será una nación extranjera que promulgará su juicio.

La gente entiende el juicio como la venida del Día del Señor. El Día del Señor fue ampliamente celebrado y muy esperado por los seguidores de Dios. Sin embargo, Amós dijo a la gente que el Día del Señor estaría llegando pronto y que significaba el juicio divino por su propia iniquidad.

Amós es el primer profeta que utiliza el término "Día del Señor". Esta frase se vuelve importante en la literatura profética y apocalíptica. Para el pueblo de Israel, el Día del Señor es el día en que Dios luchará contra sus enemigos y que será el día de la victoria para Israel. Sin embargo, Amós y otros profetas incluyen a Israel entre los enemigo de Dios, ya que es culpable de la injusticia hacia las viudas, los huerfanos y los extranjeros. Para Amos, el Día del Señor será un día de fatalidad.

Temas

El libro de Amós tiene tres secciones principales más un epílogo. Los capítulos uno y dos se refieren a las naciones que rodean a Israel y luego al propio Israel a través de una lente de ética. Los capítulos tres al seis son una colección de versos que parecen más específicamente a las transgresiones de Israel. Los capítulos de siete a nueve incluyen visiones que Yavé dio Amós, así como contra reprimenda de Amasías del profeta.

La última sección del libro (7:1 a 9:8), comúnmente conocido como el Libro de Visiones, contiene la única sección de narrativa. En las dos primeras visiones, Amós es capaz de convencer a Dios de no representar las escenas de la disciplina que se le presentaron. Las ideas de la disciplina y de la justicia, aunque no promulgadas aquí, corresponden con el mensaje central en lo que algunos se refieren como el Libro de Ayes (5:1 a 6:14). Este mensaje se puede ver más claramente en el versículo 24 del capítulo cinco. Las plagas del capítulo cuatro se suponía que eran actos de disciplina que regresarían a Israel a Dios. Sin embargo, el pueblo no las interpreta de esta manera y la disciplina se convirtió en juicio por la desobediencia del pueblo.

En la segunda serie de visiones (7: 7-9) no hay intercesión de Amós. La difícil situación de Israel es de desperanzación, Dios no va a detener el juicio debido a que Israel se niega a escuchar a los profetas e incluso va tan lejos como para intentar silenciarlos.

La idea central del libro es que Dios pone a su pueblo en el mismo nivel que las naciones vecinas y espera la misma pureza de todos ellos. Como sucede con todas las naciones que se levantan contra el reino de Dios, incluso Israel y Judá, no estarán exentas del juicio de Dios a causa de su idolatría e iniquidades. La nación de Yavé debe purificarse de cualquier cosa o persona que profana el nombre de Dios, y el nombre de Dios debe ser exaltado.

Otras ideas principales en el libro de Amós son:

  • La justicia social y la preocupación por los más desfavorecidos.
  • La idea de que el pacto de Israel con Dios no lo exime de la responsabilidad por el pecado.
  • Yavé es Dios de todas las naciones.
  • Yavé es juez de todas las naciones.
  • Yavé es Dios de rectitud moral.
  • Yavé hizo a todas las personas.

Dios eligió a Israel y es su instrumento para que Él sea conocido en todo el mundo; la elección significa que los elegidos son responsables de vivir de acuerdo a los propósitos claramente definidos para ellos en el pacto; si Dios destruye a los injustos, un remanente seguirá existiendo, y Dios es libre de juzgar para redimir a Israel.

El libro de Amós contiene varios géneros que se utilizan para exponer sobre sus temas claves. Los siguientes son algunos ejemplos:

  • Oráculos contra las naciones gentiles que rodean a Judá e Israel.(1:3-2:6)
  • Discurso a los diferentes grupos de Israel.
    • Las mujeres de Samaria (4:1-3).
    • Los ricos de Samaria y Jerusalén (6:1-7;8:4-8)
  • Las visiones relacionadas con el juicio de Dios sobre Israel.
    • Las langostas (7:1-3)
    • El fuego (7:4-6).
    • La plomada (7:7-9).
    • Una cesta de fruta (8:1-3).
    • Dios junto al altar (9:1-4).
  • Un enfrentamiento entre Amós y sus oyentes en Betel (7:10-17).[2]

Referencias

  1. 1,0 1,1 Libro de Amós
  2. 2,0 2,1 Book of Amos
  3. Amós